Un comienzo jubilar en tiempos distintos, una misma vida que late
El 27 de enero, la Compañía de Santa Teresa de Jesús dio inicio a la celebración de los 150 años de su fundación. En la Provincia Teresiana María Peregrina, este comienzo nos encontró en tiempos distintos y, a la vez, profundamente conectados: en Paraguay, todavía en clave de vacaciones; en Chile, comenzando a disponernos para el descanso después de un año intenso. Dos ritmos, una misma vida que late.
Paraguay: celebrar desde la intimidad y la gratitud
En Paraguay, aún no han comenzado formalmente el año pastoral ni el curso escolar. En pocos días llegarán las actividades, las planificaciones y el movimiento cotidiano de las comunidades educativas. Por eso, este inicio jubilar se vivió como lo hicieron aquellas primeras fundadoras: hacia dentro, en la intimidad, en clave de hogar. Nos reunimos en la casa de las hermanas mayores, Betania Paraguay, junto a algunas hermanas de las comunidades, para agradecer la vida recibida y celebrarla en sencillez.
En ese contexto tan significativo, cuatro junioras renovaron sus votos. Tomaron el relevo, siguieron el camino, se sumaron conscientemente a esta peregrinación que no se detiene. Agradecimos la vida de tantas hermanas que nos precedieron, y también la vida que comienza a desplegarse en estas hermanas jóvenes, signo de fidelidad, continuidad y esperanza para la Compañía.
Ser sal y luz: una llamada a la entrega total
La Eucaristía fue presidida por el jesuita Oscar Martín, quien nos conoce desde hace muchos años. En su homilía, nos invitó a contemplar el Evangelio de la fiesta de San Enrique, donde Jesús llama a ser «sal de la tierra» y «luz del mundo», recordándonos que el amor del Padre es tan grande que ya estábamos en su corazón antes de existir. Subrayó que el seguimiento de Jesús se aprende en el camino de la vida y que, para nosotras, se concreta en una entrega total hecha visible a través de los votos de castidad, obediencia y pobreza, vividos como respuesta de amor y servicio, llamados a encarnar el Reino siendo portadoras de paz y esperanza en medio de un mundo que clama con urgencia.
Chile: disponernos al jubileo desde la oración y la fraternidad
En Chile, la celebración jubilar comenzó la víspera de la fiesta de San Enrique, cuando las comunidades de Santiago se reunieron en la comunidad de Betania Chile para disponerse interiormente a la celebración a través de una vigilia de oración, vivida como espacio de silencio, escucha y gratitud por la historia recorrida.
Al día siguiente, el encuentro continuó en un clima fraterno, compartiendo un almuerzo sencillo que se volvió ocasión de conversación, memoria agradecida y vida compartida entre las hermanas .
Un tejido vivo de 150 años: memoria, carisma y futuro
Por la tarde, hermanas de Santiago y hermanas de las comunidades del Sur y del Norte, junto a integrantes de la Familia Teresiana, se reunieron para celebrar la Eucaristía de Acción de Gracias por los 150 años de historia y el inicio del Año Jubilar, presidida por el P. Elías Hidalgo, capellán de la comunidad de Betania. En la homilía, se nos invitó a contemplar estos 150 años como un tejido que Dios ha ido entretejiendo pacientemente con hilos diversos —la vida, la fe y la entrega de hermanas y laicos— sostenido por el Espíritu. A la luz del Evangelio de la sal y la luz, se recordó que la Compañía ha sido llamada a ofrecerse humildemente en la historia, dando sabor y encendiendo pequeñas luces, y que celebrar el jubileo es agradecer el camino recorrido y atrevernos a seguir tejiendo el futuro con fidelidad creativa al carisma, uniendo interioridad y compromiso, oración y transformación, abiertas a las urgencias del mundo.
La celebración culminó con un ágape fraterno en el casino del colegio, donde, entre cantos y alegría compartida, entonamos el “Cumpleaños feliz” a la Compañía, agradeciendo 150 años de un caminar fiel, creativo y esperanzado.
Celebrar con los pies en la tierra y el corazón en la esperanza
En medio de la alegría, la realidad no quedó fuera. Nos alcanzó también el dolor de nuestro mundo: la enorme brecha social y la corrupción que atraviesan Paraguay; los incendios devastadores en el sur de Chile; la Compañía sufriente en países como Cuba, Nicaragua y Venezuela; los conflictos y la violencia que golpean a tantos pueblos del planeta. En ese contexto, volvió a resonar con fuerza el grito de Enrique: «¿Quién avivará esas brasas?». Entretejidas con esta humanidad herida, descubrimos también la savia que nos recorre, los brotes nuevos, el Espíritu que alienta nuestra fe y nuestra esperanza.
Así, entre vacaciones y comienzos, entre intimidad y encuentro, entre gratitud y compromiso, la Provincia Teresiana María Peregrina dio inicio a este tiempo jubilar. Un tiempo para recordar, agradecer y renovar el deseo profundo de seguir caminando juntas, avivando las brasas y siendo vida entregada para otros.
En este enlace encontrarás más fotos de lo vivido en Chile y Paraguay, además de todas las fotos de cómo se ha vivido la apertura del 150 aniversario en todo el mundo.




