El sábado 29 de agosto, la Familia Teresiana de Chile se reunió en el Templo Votivo de Maipú para celebrar con profunda alegría y gratitud una Eucaristía por los 150 años de la fundación de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Fue un encuentro de memoria agradecida, comunión y esperanza, en el que hermanas, estudiantes, familias, educadores, laicos y amigos de la Compañía renovaron juntos el compromiso de seguir haciendo vida el carisma teresiano.
Bajo el lema “Manos a la obra, el tiempo urge, y las circunstancias apremian”, la celebración reunió a representantes de las distintas presencias teresianas de Chile, junto a quienes se unieron a través de las redes sociales para participar de esta Eucaristía jubilar. El Templo Votivo de Maipú, lugar de patria y hermandad, acogió a esta gran familia que quiso dar gracias por los 150 años de vida y misión de la Compañía en el mundo y, particularmente, por su historia en Chile.
Familia teresiana en Chile reunida en torno a la mesa del altar

La celebración comenzó con la bienvenida a las hermanas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús y a las delegaciones provenientes de distintas comunidades y obras. Estuvieron presentes representantes de:
- Colegio Santa Teresa de Illapel
- Colegio Teresiano Enrique de Ossó de Santiago
- Colegio Teresiano Los Ángeles
- Colegio Teresiano Padre Enrique de Nacimiento
- Residencia Universitaria Santa Teresa de Jesús
- Misión teresiana de Canela
- Misión teresiana Lo Hermida
- Movimiento Teresiano de Apostolado (MTA)
- Asociados Teresianos
- Teresianos de Corazón
- Integrantes de la Curia Provincial
- Familias de las hermanas
- Amigos de la Compañía.
Esta diversidad de presencias hizo visible que la historia teresiana no ha sido construida por una sola persona ni por un solo grupo, sino por muchas vidas que, a lo largo del tiempo, han ido aportando su propia “hebra” a un tejido común. Así lo expresó la Hna. Rosaura Jorge, Coordinadora Provincial, en sus palabras de agradecimiento al finalizar la Eucaristía: “Esta historia no la ha escrito una sola mano, ha sido una historia de vida entretejida, donde nosotros —hermanas y laicos— hemos aportado nuestra propia hebra, color, textura para juntos hacer ese tejido vivo, hermoso donde cada uno es indispensable y tiene una misión”.
Una historia entregada y fecunda
Durante la Eucaristía que fue presidida por el Padre Elías Hidalgo, se hizo memoria agradecida de los orígenes de la Compañía, nacida de la respuesta generosa de San Enrique de Ossó y de las primeras hermanas que acogieron la llamada de Dios. También se recordó la llegada de la Compañía a Chile en 1916, agradeciendo la historia de presencia, educación, evangelización y servicio que desde entonces ha acompañado a tantas generaciones.
En la homilía, se destacó que celebrar 150 años no significa únicamente recordar una fecha, sino celebrar un carisma que nació en el corazón de Dios, pasó por el corazón de Enrique de Ossó y se hizo vida en tantas mujeres que entregaron su existencia a Jesucristo y al servicio de los demás.
La reflexión invitó a volver a la raíz de la Compañía: Cristo. Desde allí se recordó la intuición de Enrique de Ossó de que educar es una obra profundamente evangelizadora y que toda la misión teresiana busca que Jesús sea conocido y amado.
Con especial gratitud se reconoció también la vida entregada de tantas hermanas que durante estos 150 años han educado, evangelizado, acompañado, catequizado, formado, visitado, escuchado y rezado, muchas veces desde una presencia silenciosa y cotidiana. Su entrega ha permitido sembrar innumerables semillas teresianas en Chile y en distintos lugares del mundo.
Ocho luces para una historia compartida
Uno de los momentos significativos de la celebración fue el ofertorio. Junto al pan y al vino, se presentaron ocho velas, como signo de “la luz que hemos recibido y la luz que estamos llamados a entregar”. Cada una representó distintas obras, presencias y expresiones del carisma teresiano en Chile, que estaban presentes en la celebración.
Al finalizar la Eucaristía, la Hna. Rosaura Jorge expresó su agradecimiento a todos quienes hicieron posible esta celebración y a quienes acompañaron presencialmente y a través de las redes sociales. Al contemplar el templo lleno, reconoció en quienes estaban allí no simplemente a un grupo de personas reunidas, sino a una familia que celebra y agradece los 150 años de vida e historia de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.
La Coordinadora Provincial recordó también que estos 150 años “no son una meta de llegada, sino un punto de partida”. El mundo actual, con sus fracturas y búsquedas, necesita signos de comunión y esperanza, y este aniversario invita a seguir viviendo la inspiración teresiana, el sentido de ser teresianos y teresianas y la esperanza, colaborando en la construcción de una sociedad más humana.
Un historia que continúa escribiéndose
La jornada concluyó con una representación artística inspirada en el carisma teresiano y en la fundación de la Compañía. A través de la música, el movimiento y la expresión se evocó aquel sueño que Dios puso en el corazón de San Enrique de Ossó y que, desde una pequeña luz, ha recorrido distintos lugares y generaciones mediante la educación, la oración y el servicio.
Así, la Familia Teresiana de Chile celebró sus 150 años con el corazón agradecido y la mirada puesta en el futuro. Una historia que continúa escribiéndose entre todos, con la certeza de que el carisma permanece vivo cuando Jesús sigue siendo conocido y amado.
150 años después, la llama sigue encendida. Y la invitación permanece: seguir poniendo las manos a la obra, con esperanza, para que todo conduzca hacia Jesús.
Todo por Jesús.


