Grabado en el corazón de quienes participaron el pasado 27 de enero de 2026 estará la conmemoración de los 150 años STJ. Este día se recordará como el gran legado de lo que algún día fue el sueño de Enrique de Ossó y que hoy está latiendo en cada aula, comunidad, obra, misión y rincón donde exista la presencia de una formación bajo la espiritualidad teresiana.
La Provincia Teresiana Nuestra Señora de la Esperanza tuvo la alegría de compartir esta Eucaristía en una jornada vivida en clave de gratitud, comunión y renovación con el compromiso educativo y evangelizador, que se extendió a los cuatro países de nuestra Provincia: Bolivia, Colombia, Ecuador y Venezuela. Aportando su fuerza para sostener un mismo sueño: “conocer y amar a Jesús y hacerlo conocer y amar”.
La conmemoración se vivió simultáneamente en los cuatro países, con la participación activa de ocho colegios, comunidades de Hermanas, estudiantes, docentes, egresados y laicos, confirmando que el carisma teresiano sigue vivo, creativo y en salida. La Eucaristía fue el centro de esta celebración y estuvo acompañada de gestos y expresiones propias de cada realidad, que fortalecieron la comunión y diversidad.
En los colegios, la celebración se integró a la vida escolar y pastoral con la participación de niños, niñas y jóvenes de primaria y secundaria. Las ofrendas el pan y el vino, las semillas de mostaza y el logo conmemorativo de los 150 años, símbolo de la urdimbre que nos teje como una sola familia, expresaron la identidad compartida y la misión educativa.
Uno de los momentos más simbólicos de la jornada, se destacó en la Capilla de la Casa de Convivencias y Retiros STJ, donde la Hermana Paola Sanguinetti, del Inmaculado Corazón de María y perteneciente a la Provincia Teresiana María Peregrina, realizó la Primera Renovación de sus votos de obediencia, pobreza y castidad. Un gesto sencillo y a la vez profundamente memorable, que se convirtió en signo elocuente de la vigencia del carisma vocacional teresiano a 150 años de su fundación. Convocada a vivir en unión con Jesús y a participar comunitariamente en su misión evangelizadora.
Mientras en Bogotá se anudaba este hilo vocacional, la celebración se extendía como un gran tejido provincial. Las comunidades educativas del Colegio Teresiano de Aguachica – Reina del Carmelo, Teresiano de Bogotá, Teresiano La Candelaria y Teresiano de Envigado vivieron la fecha con eucaristías, brindis y dinámicas de oración junto a sus docentes y estudiantes. Allí destacaron obras de teatro, cantos y muestras artísticas. Por otro lado, las Hermanas de La Candelaria y Envigado se unieron en oración en la casa de Envigado para celebrar esta fiesta.
En Venezuela, la urdimbre se tensó con fuerza y esperanza. En Guacara, más de 2.000 personas —egresados, familias, laicos y estudiantes— participaron en la vigilia conmemorativa. La jornada fue tan intensa como fecunda: las Hermanas de la comunidad se turnaron desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la noche para acompañar a quienes llegaban a celebrar. En los colegios de El Paraíso y Guacara, procesiones con calle de honor de los estudiantes, banderas de la Compañía y de la nación, junto a las imágenes de san Enrique de Ossó y santa Teresa de Jesús, reliquias y las constituciones, hicieron visible una fe que camina y se expresa en la cultura. En El Paraíso, la Provincial Flor Hernández animó la eucaristía con su canto, subrayando que la misión también se anuncia desde la armonía.
En Ecuador, la comunidad de Sucumbíos convocó a la familia teresiana a una reunión fraterna que culminó en la eucaristía y un compartir sencillo, signo de una Iglesia cercana y encarnada en el territorio. En Bolivia, en San Julián, la celebración reunió a la comunidad y a los docentes del colegio Fe y Alegría San Enrique de Ossó, confirmando que el carisma teresiano dialoga comunitariamente con otras presencias educativas y dinámicas sociales.
La celebración estuvo atravesada por una profunda experiencia orante, que dio sentido y horizonte a la conmemoración. Todo ello recordó el espíritu que anima a la Compañía desde sus orígenes: “Algunas brasas de fuego divino esperan que un soplo poderoso las avive… ¿quién renovará esos carbones?”. La respuesta se hizo visible en cada colegio y en cada gesto fecundo, en cada educador y educadora que renueva su compromiso, convencido de que “el amor siempre está bullendo y pensando qué hará”.
Como broche de oro de esta conmemoración, resuena en toda la Provincia Teresiana Nuestra Señora de la Esperanza una certeza compartida: “¡Felices 150 años de vida, misión y esperanza compartida! Como Teresa, estamos llamados a ‘andar en verdad’, a conocernos, a crecer interiormente y a poner nuestros talentos al servicio de los demás.”
¡Todo por Jesús!
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