Hoy 26 de abril, la Iglesia celebra la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, convocada por el Papa León XIV, una ocasión privilegiada para reflexionar sobre el don de la llamada de Dios y acompañar especialmente a los jóvenes en su discernimiento vocacional.
En su mensaje para esta jornada, el Santo Padre propone una mirada profunda a la vocación entendida como un camino interior, donde cada persona está invitada a descubrir “el don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón”. En este contexto, subraya que seguir a Cristo es adentrarse en “el camino de una vida verdaderamente hermosa”, ya que Jesús mismo se presenta como el “Pastor bello”, aquel que entrega la vida y revela el amor de Dios.
El Papa insiste en la necesidad de cultivar la interioridad como espacio privilegiado para escuchar la llamada, recordando que “sólo quien se detiene, escucha, reza y acoge su mirada puede decir con confianza: ‘Me fío, con Él la vida puede ser verdaderamente hermosa’”. Desde esta experiencia profunda nace la vocación, que no surge de una idea abstracta, sino de un encuentro vivo, ya que “toda vocación, en efecto, surge de la conciencia y la experiencia de un Dios que es Amor”.
Este conocimiento íntimo de Dios abre el corazón a la confianza, una actitud imprescindible para responder con generosidad a su llamada. Así, el camino vocacional se comprende no como algo inmediato o definitivo desde el inicio, sino como una realidad viva que crece y se transforma con el tiempo, pues “la vocación… no es una meta estática, sino un proceso dinámico de maduración”.
Estas palabras resuenan con especial fuerza en la tradición de la Compañía de Santa Teresa, que mañana, 27 de abril, celebra a la Virgen de Montserrat, figura clave en la vida y vocación de Enrique de Ossó.
Fue precisamente a los pies de “La Moreneta” donde San Enrique halló su vocación. Este encuentro marcó profundamente su vida y su misión, convirtiendo a la Virgen en referencia constante en su itinerario de fe. Allí celebró su primera misa, consagró la Compañía en 1881 y envió a las primeras hermanas a su misión apostólica.
La cercanía entre ambas celebraciones —la fiesta de la Virgen de Montserrat y la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones— ofrece una oportunidad única para renovar el compromiso con la escucha de Dios.
Hoy, 150 años después, la familia teresiana continúa caminando bajo la protección de la Moreneta, acogiendo la invitación del Papa a detenerse, escuchar y confiar, para que cada vocación madure y dé fruto abundante en la Iglesia y en el mundo.




