En el marco de la celebración del 150 aniversario de la Compañía de Santa Teresa, la Provincia de México ha vivido una iniciativa que ha logrado conectar colegios, comunidades y familias en distintos lugares del mundo. Esta conmemoración se ha convertido en una bonita experiencia que reafirma que el carisma de Enrique de Ossó continúa vivo y vigente hoy.
Lo que comenzó como una propuesta para celebrar siglo y medio de historia compartida ha evolucionado hasta convertirse en un auténtico movimiento de unidad global. La iniciativa ha buscado ir más allá de las fronteras geográficas para reunir a toda la familia teresiana en un mismo espíritu de comunión, gratitud y esperanza.
A lo largo de los encuentros, actividades y gestos simbólicos realizados durante estas jornadas, la Compañía no solo ha hecho memoria de su pasado, sino que también ha proyectado con fuerza su compromiso con la educación, la evangelización y la transformación social hacia el futuro.
Más allá de los actos conmemorativos, esta celebración ha generado frutos visibles en distintos ámbitos. Se ha fortalecido la conexión internacional entre las provincias donde está presente la Compañía, favoreciendo un puente espiritual y cultural que enriquece la identidad compartida. Asimismo, se ha reforzado la identidad teresiana, haciendo especial hincapié en la interioridad y el servicio. La participación activa ha sido otro de los grandes signos de esta iniciativa, con la implicación de estudiantes, educadores, familias, antiguos alumnos y colaboradores, todos ellos protagonistas de este aniversario histórico.
Se repiten sentimientos de alegría, gratitud y pertenencia a una gran familia educativa que ha sabido transmitir, generación tras generación, su misión desde el corazón. La sensación general que va dejando este 150 aniversario es la de una esperanza renovada. Se percibe en la mirada de los estudiantes, en el abrazo fraterno de las hermanas y en el entusiasmo de las familias. Más que una celebración del pasado, este aniversario se está convertido en una reafirmación del presente y una proyección hacia el futuro, con el deseo compartido de seguir “conociendo y amando a Jesús para hacerlo conocer y amar por todos”.




